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Cómo cuidar la piel sensible de niños y adultos en verano

De forma general, debemos tener en cuenta que nuestra piel sufre mucho más en verano que en cualquier otra época del año. La ropa se vuelve más ligera y la piel queda más expuesta al sol, al aire y los cambios bruscos de temperatura.

Además, hacemos más planes en exteriores y pasamos muchas horas desprotegidos. Es por ello que en verano debemos prestar mayor atención a esta parte de nuestro cuerpo ¿Cómo identificar si tenemos la piel sensible? Normalmente se manifiesta con irritaciones, enrojecimientos, sequedad e incluso descamación de la superficie o erupciones.

En el caso de las personas que tienen dermatitis atópica, a los cuidados generales deben sumar ciertos cuidados extras:

  • En casa: Evitar las temperaturas extremas. Se recomienda mantener una temperatura ambiental en casa de entre 20 y 22 grados.
  • En exteriores: Muy importante mantenernos bien hidratados y consumir mucha agua. Protegernos de las temperaturas altas pueden ayudar a evitar la irritación y el picor.
  • En la piscina: Es recomendable una buena ducha inmediatamente después del baño y, cuando la piel esté perfectamente seca, aplicar una crema hidratante dirigida para pieles atópicas por sus propiedades hidratantes y calmantes.

  • En la playa: La constante exposición al sol no es recomendable pero sí que una exposición moderada puede mejorar los síntomas de la dermatitis atópica, siempre y cuando tengamos en cuenta que debemos utilizar protección solar superior a 40 y repetir la aplicación del producto cada 30 minutos o después de cada baño. Recuerda que los niños menores de 3 años no deberían tomar el sol.
  • De ruta senderista: Si nuestros planes incluyen muchas horas de sol en exteriores, recomendamos utilizar ropa transpirable para evitar la sudoración y llevar ropa de repuesto como por ejemplo, una camiseta y una toalla limpia. No olvidar bebidas y cremas hidratantes.
  • En la ducha: Lo más recomendable es utilizar agua tibia, ni muy fría ni muy caliente y no permanecer debajo del agua durante demasiado tiempo. Enjabonar con productos que respeten nuestra piel evitando usar esponjas. Lo ideal es utilizar las palmas de nuestras manos. Una vez finalizada la ducha, secar nuestra piel sin frotar y aplicar productos hidratantes.

 

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